Newsletter

Cartas de la cuarentena #10: Ahora sí

Una carta rara la de esta semana, una especie de puente entre lo que fue y sigue siendo y lo que será.

¡Buenas tardes, corsarios!

Viernes, nosecuántos días de cuarentena… ¿se le puede seguir llamando a esto cuarentena o la Fase 1 ya es otra cosa? Como cantaban Los Enemigos en ‘La cuenta atrás’, “a lo lejos se ve la otra orilla”. Y hacia allí vamos, lentos pero seguros.

La sensación de hoy es casi física: la de los últimos diez metros de un viaje en montaña rusa. Los únicos tranquilos de un viaje que ya ni te acuerdas de cuándo empezaste. Te bajas del cacharro y se te reacomoda el cuerpo, liberas la tensión que ya casi ni notabas. Has surfeado el vértigo, las curvas tomadas demasiado deprisa, la acumulación de emociones. Te tiemblan un poquito las piernas, ya que nos ponemos a decirlo todo. Te palpas un poco para ver si todo está en su sitio y ya estás preparado para lo siguiente.

Cuando esta semana hemos visto en la librería a una madre reencontrarse con su hijo después de dos meses sin verse, hemos notado que algo estaba cambiando. Monika Zgustova, la novelista, traductora y biógrafa de Bohumil Hrabal, tituló el otro día un reportaje, “El día que reabrieron las librerías fue una fiesta”, y algo de eso hay. Nos habéis transmitido una alegría presencial que venía haciendo falta. Amigos que vuelven a verse y conversan, se recomiendan libros, todavía con esa torpeza espacial que tenemos por la distancia de seguridad, esa especie de movimiento como del escondite inglés que de repente te quedas como plantado en el sitio.

Han pasado dos meses y una semana y somos muy conscientes de que estamos todavía dentro del asunto. Pero a partir de hoy, empezamos a pensar en lo siguiente, que tampoco va a ser fácil porque esto nunca lo fue pero que sí va a ser interesante. Tenemos que pensar en cómo volver a propiciar en el encuentro del lector con el autor: ¿qué os parecen quedadas callejeras y distanciadas al caer la tarde a la sombra de la plaza de San Boal con vuestros autores favoritos, en expandir la librería a la calle a través de nuestro ventanal a la plaza?. Tenemos que pensar en crear una estructura cultural fuerte con los cómplices culturales de la ciudad, en cómo utilizar el libro como una barrera contra los discursos de odio que han subido el volumen aprovechando el río revuelto.

En un vídeo que ha publicado Blackie Books para celebrar la vuelta de cierta normalidad librera, un libro con la voz de Raúl Cimas dice: “los libreros son unos flipados de lo suyo, me caen bien”. Bingo. Eso es lo que vamos a hacer, fliparnos más. Leer más, leer mejor. Agrupar libros, presentar libros, recomendar libros. Pasear libros arriba y abajo. Escribir sobre libros. Hablar sobre libros. Lo hacemos todo el rato. Es nuestro trabajo y además nos gusta. Ahí vamos.

Sobre el horario. Tenemos ya nuestro horario habitual de de diez a dos y de cinco a ocho y media, y de seis a ocho y media los sábados. Si eres mayor de 65 o tienes algún tipo de problema que aconseje no encontrarte con más gente comprando dentro de la librería, escríbenos o llámanos y lo organizamos.

La semana que viene sí que volvemos a la rutina de recibir, colocar y leer novedades. Todas las editoriales van a publicar menos, pero para los grandes grupos menos sigue siendo mucho. Te iremos contando. De momento, aquí va un listado de los superventas de la cuarentena: La ciudad solitaria, de Olivia Laing. El mundo de ayer, de Stefan Zweig. Diario del año de la peste, de Daniel Defoe. Viaje alrededor de mi habitación, de Xavier de Maistre. La peste, de Albert Camus. El asedio de Troya, de Theodor Kallifatides. El cuerpo humano, de Bill Bryson. Crisis, de Jared Diamond. Bajotierra, de Robert Macfarlane. Y, por supuesto, El infinito en un junco, de Irene Vallejo, uno de esos libros que sale hasta en el Telediario y que aquí llevamos tiempo recomendando porque está muy bien. Los puedes encontrar en nuestra tienda online.

Bueno, pues aquí termina esta carta rara, una especie de puente entre lo que fue y sigue siendo y lo que será. Esa madre y ese hijo que se reencontraron aquí se morían de ganas de darse un abrazo, y se aguantaron. Esa gente, esa actitud estoica y comprometida, es la que nos está sacando de esta. Desde aquí, os seguimos aplaudiendo, corsarios.

Item added to cart.
0 items - 0,00