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Cartas de la cuarentena #2

Si Juan Carlos Onetti convirtió su magnética cama en su reino durante años, malo ha de ser que no aguantemos en casa unos días más.

¡Buenas tardes, corsarios!

Viernes, nosecuántos días de confinamiento. Se acercan a quince, creemos. Si se te cae la casa encima, siempre puedes pensar en Juan Carlos Onetti. Es una historia muy contada: en sus últimos años, el escritor uruguayo no es que no saliera de su casa de Madrid, es que pasaba todo su tiempo en la cama. Sostenía que allí ocurría “todo lo importante”, aunque su viuda, Dorotea Muhr, desmitificó la situación achacando su pasión por la horizontalidad a la simple y tan humana pereza. Y que aún así, “Onetti estaba más vivo en la cama que mucha gente de pie y a pie”.

En eso estamos un poco todos, encerrados pero atentos, procesando dosis desmedidas de información y observando los cambios que el paso de los días va dejando en la percepción que tenemos de esto y de sus consecuencias. Un jaleo.

Nuestros hijos todavía no se suben por las paredes, las respetan –ya veremos cuando cambien la hora y se alargue el día–, pero hay que ver qué partido le están sacando al suelo y al mobiliario: fuertes Comansi con cojines, sillas como porterías y pasillos a los que solo les falta un cartel que ponga “This is Anfield”.

¿Qué tal llevas lo de leer? Aquí estamos apreciando mucho esa cualidad cerrada del libro: no le puedes dar a me gusta, no puedes responder al autor y cuando pasas una página lo que hay es otra página de lo mismo. Calma meterse ahí y darle al “mute coronavirus” un buen rato y dejarse llevar. Aunque seas como Rafa, que empezó el año con Cioran y ahora está con los libros de Eugene Thacker, filósofo especulativo autor de títulos tan sugestivos como En el polvo de este planeta o Tentáculos más largos que la noche, con la banda sonora del últimos disco de Morrisey de fondo. Le tira lo oscuro, está claro.

Mercedes ha recuperado una vieja edición de la saga de Terramar, de Ursula K. Le Guin, y va a meterse con A corazón abierto, la novela de Elvira Lindo a ver si es tan buena como dice todo el mundo. Guillermo sigue navegando con Maqroll el Gaviero, va a leerse Preguntando entre lágrimas –el libro sobre Yugoslavia de Peter Handke– y ha vuelto a disfrutar de Watchmen tanto como lo había hecho por primera vez cuando tenía diecisiete años.

Antonio ha ordenado todos sus libros (!) pasando del caos total al caos controlado, al menos mientras recuerde el criterio empleado. Por ahí ha aparecido Atrapad la vida, las lecciones de cine de Andréi Tarkovski, y se ha propuesto ver toda la filmografía del ruso, empezando por Sacrificio, su última y demoledora película. Y ha gozado con el mejor relator del lumpen sevillano desde Cervantes, Fernando Mansilla, con su novela póstuma, Matar cabrones, y sus Relatos faunescos. A Miguel lo dejamos la semana pasada empezando 2666 y ha asomado la cabeza para decir: “yo es que sigo enfrascado con Bolaño”.

Los autores de comedia lo tienen crudo con nosotros, por lo que se ve.

Por los ventanales de la librería sigue entrando esa luz bonita de la Plaza de San Boal. Estamos deseando volver a abrir la puerta. Mientras, le estamos metiendo trabajo a la web, en la que ya tenemos más de mil títulos disponibles, aunque ahí nunca nos ha importado la cantidad sino que refleje nuestra manera de hacer las cosas. Si quieres ir encargando algo para cuando esto pase, aquí estamos.

Te mandamos mucha fuerza, ánimo y todo lo necesario para la próxima semana. Si Onetti convirtió su magnética cama en su reino durante años, malo ha de ser que no aguantemos en casa unos días más.

¡Un abrazo!

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