La mesilla del lector. Diciembre-enero: Alfonso Zapico

Alfonso Zapico es autor de cómics como Dublinés –Premio Nacional de Cómic 2012– y la trilogía La balada del Norte, cuyo segundo tomo nos ha servido para desear con más ganas el tercero. Es también uno de los cómplices fijos de La Conspiración de la Pólvora y está ocupando hasta finales de enero ese espacio de la librería que llamamos La Mesilla del Lector. Ya sabes: cada mes, uno de nuestros lectores, amigos, colaboradores o conspiradores, elige diez libros de nuestro fondo. Con total libertad para seleccionar lo que estime oportuno. Nosotros los colocamos en una de las mesas debajo del ventanal de San Boal, los arropamos con una butaca mullida y observamos a ver qué pasa. David Diegoy Domingo Hernández también han tenido ahí su hueco.

Zapico ha hecho una selección donde está muy presente la relación entre el periodismo y la historia, la literatura, la educación y el viaje, temas que están presentes en todas sus obras. Lo próximo del autor asturiano, previsto para febrero, es el libro Los puentes de Moscú, un cuaderno de anotaciones que registra una conversación entre el músico Fermín Muguruza y el político Eduardo Madina con el pasado y el futuro del País Vasco como fondo.

Libros recomendados por Alfonso Zapico

Los diez libros de Alfonso Zapico

Últimas palabras en la tierra. Javier Serena. Gadir. Recién salido del horno está este libro de Javier Serena, para el que tuve el honor de ilustrar la portada. Es la historia del malogrado novelista Ricardo Funes, al que Javier da refugio en su literatura como ya hizo con Aliocha Coll. Maravilloso.

Inquietud en el paraíso. Óscar Esquivias. Ediciones del Viento. Reeditado hace poco y con nueva cara, la obra más conocida de este gran autor burgalés es uno de los libros que más he disfrutado leyendo. Tiene continuación y forma una trilogía tan heteróclita como fascinante.

Madrid en las novelas de Benito Pérez Galdós. Aventuras Literarias. En realidad no es un libro, es un mapa en forma de libro, o más bien un libro (o varios libros de Pérez Galdós) en forma de mapa. Esta cartografía tiene trampa, solo se puede viajar a este Madrid a través de la Literatura.

El eco de los disparos. Edurne Portela. Galaxia Gutenberg. Esta autora tiene nuevo libro, pero quería recordar este, que tiene un contexto diferente, es una reflexión sobre los años de ETA en Euskadi, cruda y difícil de digerir pero muy necesaria y valiente.

La Comedia literaria. Catherine Meurisse. Impedimenta. La autora de la imprescindible “La levedad” cambia aquí de registro y hace un recorrido humorístico por la literatura francesa: de Chrétien de Troyes a Camus, un viaje que invita a la lectura.

Libros recomendados por Alfonso Zapico

Mal de escuela. Daniel Pennac. DeBolsillo. Igual que Pennac, yo fui un mal alumno y años después me puse delante de la pizarra. Este libro es un descubrimiento personal e invita a pensar profundamente sobre la educación, esa parte tan fundamental de la vida a la que damos tan poca importancia.

Muerte en Persia. Annemarie Schwarzenbach. Minúscula. Ahora que están tan de moda los “cuadernos de viaje” no está de más leer este diario persa de la compleja novelista suiza, tan exótico que parece ficción (y a veces lo es).

Viajes. Álvaro Ortiz. Astiberri. Esto sí es un cuaderno de viaje, o mejor un montón de cuadernos que viajaron con el aragonés Álvaro Ortiz para inmortalizar lugares y recuerdos de aquí y allá.

El fin del ‘Homo sovieticus’. Svetlana Aleksiévich. Acantilado. Leer la crónica de Svetlana es como asistir a la desintegración de un planeta lejano, a la desaparición de una civilización antigua que es sustituida de golpe por otra nueva.

Tres periodistas en la Revolución de Asturias. Chaves Nogales, Josep Pla y Díaz Fernández. Libros del Asteroide. Los tres por separado son grandes periodistas y contadores de historias, es un lujo leer su crónica trágica del octubre asturiano.

La mirada sobre la historia

Antonio Marcos

La balada del Norte. Tomo 1. Portada. En un óvalo blanco, un minero con la mirada lejana y cansada sujeta un hacha sobre su hombro con una mano grande y fuerte. Bigote amplio, barba sin afeitar, pelo desgreñado bajo una gorra. Chaqueta arrugada sobre un jersey por el que sobresale el cuello de la camisa: la elegancia de los lugares fríos.

En ese dibujo se resume una línea que Alfonso Zapico (Blimea, Asturias, 1981) ha explorado en su obra: el peso de la historia sobre los hombres que la hacen cada día, la trastienda de las grandes narraciones y la curiosidad por entender, por saber, explicarse qué hay detrás de quienes la protagonizan. Esa sensación de que el calendario otorga al hombre un lugar, la mezcla entre el destino y la voluntad. Mineros revolucionarios o escritores, su mirada, su manera de narrar y su dibujo nos colocan ahí cerca, con un aplomo en el que siempre está presente el paso del tiempo.

Dice Zapico que la primera vez que pisó París fue un poco como cuando Neill Amstrong pisó la luna: una fascinación. Siempre le interesaron los autores franceses (Trondheim, Sfar, Blain, los reinventores de la bande dessinée francesa de los noventa) y había crecido leyendo los Spirou de Franquin, como le decía en esta entrevista a nuestras amigas del blog 5 ovejas negras. Su imaginario se pobló también de las novelas francesas y rusas del siglo XIX, esas donde la trama siempre tenía algo de telúrico y conectado con un mundo cambiante. Ahora vive en Francia, en Angoulême, algo así como la meca del cómic europeo. Y desde allí sigue haciendo tebeos fascinantes que tratan de unir el pasado con el presente.

“Lo individual corre en paralelo a la Historia con mayúscula en mis pequeñas historias, que, en el fondo, son las historias de mis pequeños personajes de ficción, de sus conflictos y de su lucha constante contra la adversidad. Lo que me atrae de la Historia y de la literatura es que es una materia rabiosamente contemporánea y pertinente, al contrario de lo que pudiera parecer”, afirma hablando la materia prima de sus trabajos.

Conocer esos datos, interpretarlos, extraer de ellos el jugo dramático para hacerlos llegar como nuevos es una gran parte de cada proyecto que acomete. Las lecturas que ha seleccionado reflejan ese afán por los detalles, por los puntos de vista de los testigos: la epopeya de la caída soviética de Svetlana Aleksiévich, las crónicas urgentes desde Asturias de Chaves Nogales, Pla y Díaz Fernández, el análisis pormenorizado de la violencia en el País Vasco de Edurne Portela, los cuadernos de viaje de Schwarzenbach y Álvaro Ortiz.

Con los protagonistas en primer plano, sus viñetas se tejen de detalles, pasan de ser meros decorados para intervenir dramáticamente en la acción. “Dedico mucho tiempo a los pequeños detalles en el fondo de las viñetas porque soy como los artesanos de las viejas películas en blanco y negro: quiero atrapar al lector, convencerlo de que esas calles, esos paisajes que dibujo en cada página, son auténticos. Todos estos pequeños detalles también ayudan a una doble lectura, invitan al lector a detenerse de cuando en cuando y perderse un poco. Y tienen su parte simbólica, igual que ocurre en la novela escrita. Solo hay que dejarse llevar por la imaginación”, explica.

Confiesa que con la parte de su trabajo que más disfruta es con esa en la que te pones música, haces un café y te sientas delante del tablero, el momento decisivo de darle forma a todo. Lo queremos ahí por mucho tiempo.