La Mesilla del Lector. Marzo: Elena Saldaña

Elena Saldaña es una de esas personas cómplices que consiguen que este duro trabajo de vender libros valga la pena. Trabaja para la distribuidora Les Punxes y visita regularmente alrededor de cuarenta librerías en Castilla y León, así que algo sabe de este negocio. La podríamos llamar “comercial”, pero a nosotros nos gusta más “traficante”. Lectora caótica y apasionada, ha elaborado una lista donde predominan las escritoras y los personajes femeninos, mujeres fuertes creando relatos que, lo estamos viendo, nos hacen mucha falta a todos. Ella es nuestra invitada de marzo a la Mesilla del Lector, esa sección donde alguien selecciona diez títulos de nuestro fondo. Por esa mesilla han pasado ya Domingo Hernández, David Diego, Alfonso Zapico y las autoras del blog 5 ovejas negras.

Los diez libros de Elena Saldaña

Un mundo deslumbrante. Siri Hustvedt. Anagrama. Quedé absolutamente enamorada de su protagonista y a la vez de su paisaje. La narración es densa y obliga a estar completamente dentro del libro, no permite una lectura rápida y fácil. Habla de una mujer, Harriet Burden, pero también de la mujer en el mundo del arte. Tan atractiva como la protagonista es la figura de Margaret Cavendish, iceberg que se esconde y reaparece en la novela.

El coro de los maestros carniceros. Louise Erdrich. Siruela. Podría ser cualquier otro de Erdrich. Ella siempre retrata la vida de los indios americanos en las reservas de un modo físico pero también reflejado en cada uno de sus personajes, llenos de vida hasta la médula, de simbolismo. Las mujeres de sus relatos, por muy derrotadas y vapuleadas por la vida que estén, llevan un halo de fuerza y magnetismo lleno de verdades y honestidad brutal, llenas de tierra pero dignas.

La Mesilla del Lector - Marzo – Elena Saldaña

Clavícula. Marta Sanz. Anagrama. Me falta objetividad para hablar de Marta Sanz. Este es su libro mas honesto y posiblemente el mas diferente al resto. Lo he elegido porque habla del derecho a quejarse, del dolor y de ese ser mujer que cumple años. Un borbotón muy bien encauzado, el un grito de una mujer que habla de muchas.

La vegetariana. Han Kang. Rata Editorial. Este libro, a diferencia de los anteriores, no emana esa fuerza femenina pero sí produce un efecto perturbador en el que lo lee. Resulta demoledora la mezcla de imágenes brutales con la delicadeza oriental. Imágenes que te traspasan y no se quieren ir.

Las sillitas rojas. Edna O’Brien. Errata Naturae. Acabo de leer este libro. Paradigma de espíritu femenino, Fidelma, su protagonista, se recompone como puede y agarra lo que ha quedado de la tragedia, dándole forma para poder sacudirse la falda, todo listo para empezar otra vida.

Siempre hemos vivido en un castillo. Shirley Jackson. Minúscula. Nada es lo que parece en este cuento de hadas. Jackson te obliga a leerlo como si escucháramos una caja de música con bailarina, incesante y repetitiva, hasta el final, con una sonrisa pero con un nudo en la garganta. Las hermanas Blackwood te enamoran y te aterran. ¿Qué es la crueldad? Son los niños cantando a Merricat. Me gusta su doble cara, dulce y siniestra. Las Efímeras, de Pilar Adón, es un libro que acompaña muy bien a esta belleza cruel. Las dos deberían de estar juntas en cualquier estantería.

La Mesilla del Lector - Marzo – Elena Saldaña

Verde agua. Marisa Madieri. Minúscula. Su lectura en común durante un viaje a Croacia con amigos hizo de éste un libro especial. El destierro y esos lugares que ya no son porque cambiaron las fronteras. Madieri cuenta su experiencia y la de su familia, una metáfora del exilio que se lee con nostalgia por lo no vivido (siempre Italia).

Corto Maltés. Fábula de Venecia. Hugo Pratt. Norma Editorial. Me hubiera gustado nacer Corto Maltés. O en su defecto, veneciana… quizá como los de Bilbao haya nacido aquí pero soy de allí. Todos los relatos de Corto (de Hugo Pratt) son fabulosos, pero este quizá aúna como ningún otro la esencia de autor y personaje, y con ello la esencia de la magia de Venecia.

El camino de Ida. Ricardo Piglia. Anagrama. Un pequeño homenaje al nunca suficientemente valorado Ricardo Piglia, que aporta su vastísima vida y recuerdos. Unas historias entreveradas que se tejen aunando ensayo, anécdotas y un maremágnum de literatura de la buena. Además, como una matrioska de papel, sus libros se van abriendo: anarquismo ludita, metaliteratura… todo escondido todo bajo una atmósfera a veces onírica.

La broma. Milan Kundera. Tusquets. Este libro me ha ido acompañando en una horrible edición con páginas despegadas durante muchos años y le tengo un gran afecto. Cada libro llega en un momento de nuestras vidas y este, con todos sus personajes, llegó y decidió quedarse… se lo he permitido por ser Kundera.

Traficante de libros

Elena siempre aparece por la librería con una bolsa de tela llena de libros. Como de una chistera, va sacando títulos que todavía no se han publicado, galeradas, recomendaciones, promesas de éxito o de placeres estrictamente individuales. Lo que llamamos libro ha pasado de ser un pensamiento en la cabeza del autor –luego un documento de word, unas correcciones, unos mails intercambiados, unas negociaciones, una maquetación, un elegir la cubierta… mil cosas– a un ejemplar que va a caer en la librería entre cientos de ellos. El trabajo de Elena es acompañar a ese libro en su aterrizaje, encontrar ese punto que media entre las virtudes del libro y la necesidad del librero, enfocar qué público puede quererlo, encontrarle un hueco entre el fondo y el estilo de la librería. Comunicar el significado de un libro, diferenciarlo del resto. Venderlo.

Desde hace nueve años, desempeña esa labor tan vital para un librero: encontrar un cómplice en ese lado de la cadena de distribución del libro. Ella trabaja para Les Punxes desde hace nueve años, una de las principales distribuidoras editoriales, y nosotros somos solo una de las cuarenta librerías que ella visita regularmente en Castilla y León. Libro a libro, gestión a gestión, conversación a conversación, se ha convertido en alguien importante para que Letras Corsarias sea como es. Su trabajo se suele calificar como “comercial”, pero tanto a ella como a nosotros nos gusta más la palabra “traficante”.

Es marzo y ha preparado una lista de libros escritos preferentemente por mujeres. Elena es fiel a una idea que es bastante central en su libro-fetiche (tiene unas cincuenta ediciones distintas, ella, que nunca coleccionó nada), El lobo estepario, de Hermann Hesse: “La realidad es aquello con lo que no podemos estar satisfechos bajo ninguna circunstancia”. Todavía hay quien dice por ahí que con la igualdad que tenemos ya está bien, que a qué viene una huelga y tanto reivindicar. Ella aprovecha la ocasión para “revelar a algunas autoras que, aunque conocidas, no están todo lo representadas que deberían. Cada una lleva las banderas como quiere: yo leo los libros de estas mujeres, los recomiendo. He decidido dedicársela a las escritoras, las muy afines y queridas, a sus personajes, esas mujeres que sin darse cuenta no se han derrumbado. El de Siri Hustvedt es de los mejores que he leído nunca. O el de Marta Sanz, en el que me influye esa mezcla de la amistad y el reconocimiento de que es una luchadora, una guerrera pequeñita. Al final, somos lectores. Y como lectores elegimos algo que te sale, algo que te llega”, explica.

Estudió arte, trabajó como restauradora de muebles y desde muy joven definió un perfil lector “caótico. Soy caótica en todo, también en la lectura. Tengo unas lagunas de clásicos tremendas. He leído sin mucho método, pero intensamente. Siempre hubo libros en casa de mi padre. Mi abuelo, un huérfano que tuvo ocho hijos, leía, nadie sabe cómo empezó. Y sus hijos leyeron. Primero te leen y luego vas cogiendo. Cuando me encontré con El lobo estepario tenía unos quince años, y el ejemplar tenía anotaciones de mi padre. Así que es una referencia vital para mí. Cada libro te dice algo diferente dependiendo de la edad a la que lo leas”.

Va por épocas, pero suele preferir la narrativa al ensayo. “Me tiene que interesar mucho el tema y estar construido de una manera muy atractiva para meterme en un ensayo. Dadá, los pintores de entreguerras, los situacionistas… ahí entro. En una novela, por muy densa que sea, me meto sin problema”, dice. Los sellos editoriales también son para ella una referencia, incluso antes de que de alguna manera representara a esas colecciones ante los libreros. “Siempre tuvo mucho peso. Si me dices Anagrama pienso en toda la literatura americana de los sesenta y setenta, algo que me es muy afín. De todas maneras, por la propia lógica del capitalismo, que hace que todo pierda la esencia de su propio ser, todas van dejando algo de su esencia por el camino, y para los que ya vamos siendo un poco escépticos… hace que no confíes a ultranza en todo lo que saca una editorial”.

Si el libro deja traslucir algo sobre Italia o Venecia en particular, tiene bastantes papeletas para comprarlo. “Tengo una relación emocional con Italia, es cierto. Hay una raíz de lo que considero Europa, toda ese ámbito de cultura mediterránea”. Ha sufrido y disfrutado para hacer su lista, algo que parece inherente al hecho de seleccionar, de dejar fuera algo importante: “Me siento cómoda en el oficio de librera, y agradezco poder ocupar ese espacio físico y emocional de la Mesilla. Es divertido tachar y añadir ad infinitum, la lista es inagotable. Los que están han pasado la prueba del escandallo, han llegado al fondo del mar”.