Las Meninas: el arte atemporal

Las Meninas Comic Portada. Letras Corsarias Libreria Salamanca

Por SEVE ACOSTA

Michel Foucault se enfrenta a la terrible “página en blanco” (el mayor miedo de cualquier escritor) cuando intenta escribir su texto sobre Las Meninas. Picasso, que de niño asegura que superará a los grandes maestros, cae obsesionado por el embrujo del cuadro y tiene su particular duelo con Velázquez pintando cuarenta y cinco variaciones del famoso lienzo. Antonio Buero Vallejo, encarcelado, no para de preguntarse por qué en las que cree que van a ser sus últimas horas de vida solo puede pensar en dicho cuadro. Santiago García y Javier Olivares, guionista y dibujante respectivamente, crean un maravilloso cómic sobre la obra inmortal. Severiano Acosta, este humilde escribiente, afronta también el folio vacío para escribir una reseña sobre esta obra ganadora del premio del Salón del Cómic de Barcelona.

En una de las primeras escenas del  cómic de García y Olivares un Velázquez de cincuenta y siete años, abatido, se pregunta que le queda por pintar. Sabedor de que es el mejor pintor del reino, de tal vez toda Europa, también es consciente de que aún no ha pintado su obra maestra. Pocas viñetas después seguimos a un caballero de la orden de Santiago en su constante búsqueda sobre Velázquez y sus orígenes. El rey Felipe IV ha ordenado conceder el hábito de la Orden al pintor, y esta investigación servirá como hilo conductor y excusa para ir narrando la vida del autor de las Meninas. A través de diversos personajes históricos, como Alonso Cano, Juan de Pareja o el propio rey Felipe IV, iremos conociendo poco a poco quien fue realmente el pintor, desde sus aventuras juveniles bajo la tutela de Francisco Pacheco hasta su larga temporada en Roma junto a Flaminia, su amante.

Además de esta crónica de la vida de Velázquez el cómic intercala escenas donde se nos muestra la influencia que la obra del sevillano ha tenido. Podemos ver desde a Foucault hasta William Merrit, pasando por Goya, influenciados o directamente obsesionados por superar o desentrañar los misterios de Las Meninas. Esta anacronía no solo se da a un nivel estructural, con estos saltos temporales en los que pasamos del estudio donde Velázquez instruye a su yerno al París de 1907 con un Pablo Picasso desnudo mostrando las Meninas de Avignon, sino también a un nivel visual.

El eficaz dibujo de Olivares, que dista bastante de ser normativo, da a cada uno de estos tiempos su propia identidad; un ejemplo claro de esto es cuando presenta el breve capítulo sobre Buero Vallejo con el formato de una dime novel española y en visibles tonos rojos, pero no es el único. Alejado de las líneas clásicas, el aspecto visual de Las Meninas es impactante a la vez que arriesgado. La iluminación es prácticamente monocromática en la mayor parte de sus escenas, en sus viñetas abundan los trazos angulosos y el dibujante no parece respetar demasiado las proporciones corporales.

Cada uno de nosotros formamos parte de ese gran cuadro sobre el que se pinta la cultura de la humanidad

Pero decir que este cómic es simplemente una biografía de Velázquez o un arriesgado ejercicio visual es hacerle un flaco favor. Si bien el retrato del artista sevillano es soberbio, es tan solo uno de las múltiples facetas de este volumen. En sus páginas se habla de la influencia de Las Meninas, de lo que significa realmente el acto de crear en sí e incluso se puede considerar un retrato, bastante acertado, de la sociedad europea del siglo XVII. Pero si hay un tema muy presente, un mensaje que transpira en prácticamente todas sus páginas es la atemporalidad del arte. El maestro Pacheco habla a sus pupilos sobre Apeles, pintor al servicio de Alejandro Magno; el Españoleto pregunta a Velázquez si quiere aprender de los viejos maestros; un jovencísimo Pablo Picasso asegura que no le interesan los grandes maestros para, sesenta años después, enfrentarse al pintor sevillano creando sus variaciones sobre Las Meninas.

Las Meninas Comic Portada. Letras Corsarias Libreria Salamanca

Las Meninas: lienzo abierto

Todos estos nombres, todos estos grandes pintores o escritores, incluido el propio Velázquez, forman parte de un todo. Incluso por pequeña que sea nuestra aportación (como puede ser escribir una simple reseña sobre un gran cómic), cada uno de nosotros formamos parte de ese gran cuadro sobre el que se pinta la cultura de la humanidad. Eso es lo que nos quieren decir los autores de este volumen, como se puede ver en esa impresionante viñeta de las páginas finales: Velázquez, en primer plano, mira hacia el frente flanqueado por los grandes nombres que han aparecido en el cómic, desde Apeles hasta Buero Vallejo, pasando por los propios García y Olivares. Todos fijan su mirada en el lector, incluyéndole en ese lienzo e invitándole a que haga su aportación.

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