NC#105: Literatura a pedaladas

¡Buenos días, corsarios!

Como el verano se empieza ya a poner serio, vamos a dejarte descansar un poco de nuestras tórridas lecturas hasta septiembre. Como si fuéramos un equipo ciclista, vamos a hacer relevos para que la librería continúe siendo estos meses un refugio contra el calor y que puedas venir a encontrar ese libro que te acompañe. Cerraremos únicamente el 14 de agosto, un puente en medio de un mes que parece un acueducto. Mientras, abrimos de lunes a viernes de 10 a 14h y de 18 a 21h y los sábados de 10 a 14h. En septiembre nos iremos un par de días de merendola a Cuenca para recoger el Premio Nacional al Fomento de la Lectura junto a nuestros compañeros de La Conspiración de la Pólvora. El resto del tiempo, leer y hacer planes para la nueva temporada. Estamos ya cerrando encuentros con autores en nuestra agenda. ¿Qué te parecería Paco Roca el 7 de septiembre presentando su nuevo cómic Confesiones de un hombre en pijama? Ya te contaremos, el primer viernes de septiembre volverás a recibir noticias nuestras.

Ya que hablábamos arriba de equipos ciclistas, vamos a hacer un repaso hoy por los libros que más nos han gustado sobre deportes este año. Es un género que se está afianzando con pequeñas joyas que por una causa u otra no habían tenido todavía difusión en España. Por ejemplo, los libros del francés Paul Fournel, actual presidente de OuLiPo, el Taller de Literatura Potencial desde el que siempre llega buena literatura. Nos ha encantado La soledad de Anquetil, que publica Contra con traducción de Gabriel Cereceda. Fournel tenía una bicicleta verde, igual que la de su ídolo, ese hombre que prefiguró el ciclismo moderno con su elegancia y su fiereza. Si los noventa fueron de Indurain, los ochenta de Hinault y Fignon, los setenta de Eddy Merckx, los sesenta fueron de Anquetil.

De alguna manera, Anquetil –ganador de cinco Tours, dos Giros y una Vuelta además de un montón de carreras de un día y otras míticas carreras por etapas– le dio un puñetazo a cierta inocencia del ciclismo. Reconocía que las anfetaminas estaban entre su menú habitual, se sentaba a cenar langosta y beber vino hasta las tantas antes de una etapa importante, reconocía que corría por dinero, que compraba los favores de otros equipos. Convirtió a Poulidor en el eterno segundo clasificado y polarizó el ciclismo francés y dejó preparado a un deporte que solo se escuchaba por la radio al borde del espectáculo que es hoy día. Un personaje con tantas luces y sombras como una película americana de Fritz Lang. Pero como lo admiraba Fournel: mientras soñaba con ser ciclista profesional, reconocía en sí mismo cada gesto, cada pedalada del ídolo. Y de eso va La soledad de Anquetil, una mezcla de las vidas del escritor y el ciclista, la mirada clara sobre las zonas oscuras del corredor, la importancia de los personajes que lo rodearon –especialmente su mujer, Janine–, su extraña vida sentimental, su repentina muerte. Como biografía, modélica. Como libro de ciclismo, para llevarlo en los bolsillos del maillot.

La Biciteca publicó a principios de año Bicio, también de Fournel, que va en la misma línea pero aquí el protagonista es el ciclista aficionado, desde el que se mide con la carretera hasta el globero que encuentra en montañas y valles su mejor momento del día. “La diferencia entre la bicicleta y el vuelo es que la bicicleta es posible y el vuelo por el momento no”, escribe. El ciclismo es el deporte de lo concreto: la pendiente de una cuesta, la rugosidad del asfalto, el desarrollo de la bicicleta, la musculatura de las piernas, la inercia, el cálculo del esfuerzo. Es un atletismo a toda velocidad, es física echada a rodar por las carreteras. Para todos los que disfrutan de esa sensación de libertad haciendo cualquier mañana un Salamanca-Aldealengua-Babilafuente-Aldearrubia-Salamanca, este es un libro de cabecera. A ritmo tranquilo, que si no luego igual te da el sopor cuando te pongas a ver esa etapa de transición del Tour por la televisión.

Charly Wegelius

Charly Wegelius

“El ciclismo es un deporte que rezuma gloria y esplendor, pero no en esa parte del pelotón”, escribe Charly Wegelius en su libro Gregario, publicado por Contra y traducido por Roberto Falcó. Wegelius es uno de esos trabajadores a los que nunca vas a ver levantar los brazos en la meta porque no ha ido allí para eso. Su jornada de trabajo se compone de otras cosas: transportar agua, hacerle sitio al líder, protegerlo, tirar de él cuando vaya mal. La fábrica de gloria también tiene peones y Wegelius fue uno de ellos. Cuando vuelve a su casa en Milán después de haber terminado en el Bernabéu ante sesenta mil espectadores su primera carrera de tres semanas –una especie de rito iniciático para cualquier ciclista, la confirmación de su profesionalidad– recuerda esto: “Lo único que había hecho yo era sobrevivir, no tuve un recibimiento de héroe por haber rendido a un buen nivel; me sentía más bien como si hubiera vuelto a casa después de tres semanas trabajando en el turno de noche en lugar de haber hecho algo especial”. Contado como una especie de memorias de su trayectoria, nos desvela toda la trastienda del día a día del pelotón internacional.

La milla invisible es la última novedad sobre narrativa ambientada en el ciclismo, un género que siempre se ha aprovechado de ese tropo que muy presente en el deporte: “un hombre frente a sus límites”. Ahí siempre hay algo que contar. David Coventry ha elegido un tema original: la aventura de cinco ciclistas de Australia y Nueva Zelanda que participaron en el Tour de 1928, gente que encontró de repente las montañas nevadas, las jornadas sin límite, los 5476 kilómetros que tuvieron que recorrer. Lo hicieron compitiendo con deportistas que estaban mucho mejor preparados que ellos, tanto técnica como físicamente. La novela es la historia de ese viaje: leyéndola acabas con la cara llena de barro, una imagen que Coventry enlaza muy inteligentemente con las de los soldados de la Primera Guerra Mundial. Una buena novela, editada por Seix Barral con traducción de Íñigo F. Lomana.

Los All Blacks originales

Los All Blacks originales

Desde el primer siglo XX y desde Nueva Zelanda también nos llega una historia con olor a barro, hierba y esfuerzo solidario. Con sus líneas definidas y el espíritu guerrero, el rugby bien podría verse como una batalla entre amigos que luego toman juntos unas cañas (más bien unos barriles) de cerveza. El libro de la fama, publicado por Gallo Nero con traducción de Abaham Gragera, es un retrato de los primeros All Blacks, el equipo de rugby por excelencia. En 1905 emprendieron un viaje hasta Inglaterra para medirse a los equipos británicos. Arrasaron. El gran acierto de su autor, Lloyd Jones, es que donde sería fácil recurrir a la épica, elige un tono lírico desde el que nos llega profundamente la aventura de aquellos granjeros y toda la pureza del deporte que mejor ha conservado hasta hoy su esencia. A los que se agarran con fuerza al balón oval y disfrutan con cada ensayo, no dejamos de recomendarles la revista H, editada por la gente de la futbolera Panenka, cuyo primer número no tiene ni una página de sobra: entrevistas, análisis y reportajes de alto nivel narrativo.

Hemos dejado el fútbol para el final. Se escribe demasiado sobre fútbol en todas partes, hay periódicos, telediarios y horas de radio dedicadas a contarnos con una intensidad digna de cumbres del G8 cada pequeño detalle de una galaxia que se expande más que la Vía Láctea. La sensación de la temporada es St. Pauli, un ensayo de Carles Viñas y Natxo Parra publicado por Capitán Swing, sobre el club que predica con el ejemplo ese aforismo de “Odio al fútbol moderno”. La bandera pirata es el símbolo del FC Sankt Pauli, un club de la Segunda División alemana que se define en sus estatutos oficiales como antifascista, antirracista y antisexista. Tiene 107 años de historia y se ubica en el barrio portuario de Hamburgo. Nunca ha ganado ningún título importante, pero tiene seiscientas peñas alrededor del mundo y se ha convertido en la constatación de que a la gente de izquierda también le puede gustar el fútbol. Viñas y Parra cuentan su historia, sus jugadores más característicos (el portero okupa, el rebelde kurdo), el origen de su posicionamiento antifascista. Y algo que planea sobre todo el libro: ¿existe alguien que piense todavía, hoy, que fútbol y política no están siempre unidos?

Afición St. Pauli

La afición del St. Pauli en el Millerntor-Stadion

“Es difícil novelar el fútbol porque se trata de un juego que escribe cada día una historia increíble con la que resulta difícil competir”, escribe Jorge Valdano en el prólogo de El último milagro, de Horacio Convertini, publicado por la editorial Barrett. Está claro que la mejor narrativa futbolera nos ha llegado desde Argentina (podría decirse que también los mejores jugadores, pero no entremos ahí que la liamos): Osvaldo Soriano, Fontanarrosa… sin olvidarnos del uruguayo Eduardo Galeano. Convertini, consciente de la herencia y de lo difícil del reto, propone una novela con un punto de partida genial: el Racing Club de Avellaneda sufre una etapa de crisis y una empresa japonesa propone implantar un chip a uno de sus jugadores, de manera que reúna las habilidades de Messi y Maradona juntos y pueda ser manejado desde la grada por el campeón mundial de Playstation. A partir de ahí… Una trama de novela negra que le valió estar entre los finalistas del Premio Dashiell Hammett hace un par de años, un libro que se disfruta desde varias perspectivas y una ficción rocambolesca para traernos la alucinada realidad que vive hoy el fútbol.

Y por esta temporada, esto es todo. Recuerda que no es bueno hacer deporte a las horas de más calor, que es imprescindible hidratarse y que Letras Corsarias se mantendrá todo el verano a la agradable temperatura de 27 grados centígrados. Nos leemos en septiembre. Buen verano.