La Mesilla del Lector. Abril: Javier Sánchez y Àlex Martín

Javier Sánchez Zapatero y Àlex Martín Escribà son los directores del Congreso de Novela y Cine Negro de la Universidad de Salamanca, cuya 14ª edición va a celebrarse entre los días 24 y 27 de abril de 2018. Su visión del género es contagiosa: celebran la negrura como lectores e investigan, publican y difunden lo mejor de la narrativa negra y policiaca. Ellos abrieron el camino al reconocimiento académico de esas novelas que siempre aparecían al margen, como placer culpable. La selección que han preparado para La Mesilla del Lector incluye clásicos y contemporáneos, detectives, delincuentes y buscavidas… una guía de lectura para no perderse en tiempos de sobreabundancia editorial.

La Mesilla del Lector – Congreso Negro - Letras Corsarias Librería Salamanca

Los diez libros de Javier Sánchez Zapatero y Àlex Martín Escribà

Cosecha Roja. Dashiell Hammett. Alianza Editorial. El inicio de todo: la novela fundacional del género negro. Hace casi noventa años de su publicación, pero en contenido y forma sigue siendo totalmente actual y vigente.

El largo adiós. Raymond Chandler. Debolsillo. Decía un crítico americano que lo bueno de esta novela es que te animaba a leer, porque después de terminarla seguías buscando libros que te proporcionaran el mismo placer. Con eso está todo dicho.

Arte salvaje. Una biografía de Jim Thompson. Robert Polito. Es Pop.En la lista podría estar cualquier novela de Jim Thompson, pero quizá todas estén reunidas en su biografía, que muestra las estrechas conexiones entre la vida y la obra del novelista que mejor representó el lado oscuro de la realidad norteamericana de mediados del siglo XX.

Todo Bellón. Julián Ibáñez. Cuadernos del Laberinto. Edición que incluye ocho novelas con la peculiar interpretación del género de Ibáñez, que, bebiendo de los clásicos, sitúa sus historias en un territorio autóctono tan peculiar como cutre, marcado por los polígonos industriales, los puticlubs, los bares de mala muerte y las carreteras secundarias.

 

El interior del bosque. Eugenio Fuentes. Tusquets. Una novela estupenda, de un autor al que no nos cansamos de recomendar, que reivindica valores que a veces parecen olvidarse en el género contemporáneo: la construcción de la trama criminal y la preocupación por el estilo.

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No llames a casa. Carlos Zanón. RBA. En las novelas de Zanón no hay policías ni detectives, ni esquemas narrativos basados en pesquisas criminales, pero sí un reflejo de la violencia y la marginalidad de las sociedades contemporáneas a través de un filtro crítico y cuestionador que intenta captar la “negrura” de la realidad.

La neblina del ayer. Leonardo Padura. Tusquets. Hay muchas novelas en La neblina del ayer –una trama criminal, una crónica del día a día La Habana, una nostalgia por un pasado que no fue, una historia personal de desencantado y supervivencia…–, pero todas son extraordinarias.

La falsa pista. Henning Mankell. Tusquets. La literatura serial se basa en la combinación entre lo ya conocido y lo novedoso, y eso lo expone a la perfección esta novela de la saga protagonizada por el policía sueco Kurt Wallander: el lector sabe qué va a encontrarse, pero aún así la novela no deja de sorprender y enganchar.

La tercera virgen. Fred Vargas. Siruela. Probablemente la autora más sorprendente y original de la actual literatura negra. En su peculiar concepción del género, lo humano resulta siempre más importante que lo social: las debilidades y mezquindades de los individuos suelen ser las que explican los crímenes que se plantean en sus obras.

La verdad del caimán. Massimo Carlotto. Debolsillo. Al estilo de los clásicos del género –y al igual que cualquiera que lea los periódicos–, Marco Buratti, “el Caimán”, sabe que la ley y la justicia no siempre significan lo mismo. Con esta novela comenzó su serie, de evidentes tintes autobiográficos: imposible no tener ganas de escuchar blues y de beber Calvados después de leerla.

La negrura como una de las bellas artes

A veces, las mejores cosas ocurren por casualidad. Javier y Àlex estudiaban Filología y se conocieron haciendo un trabajo sobre la elipsis. La muerte de Manuel Vázquez Montalbán en octubre de 2003 les hizo descubrir un punto de encuentro: la novela negra.

Javier se había iniciado en el misterio con aquellas novelas de Agatha Christie de la editorial Molino que estaban en todas las casas y había leído al creador de Carvalho en el instituto. “Entonces no identificaba aquello con novela negra. El descubrimiento me vino más bien con el cine. Un ciclo de Bogart en La 2 a principios de los noventa: El halcón maltés, El sueño eterno… ahí me di cuenta de que había algo que me atraía”.

Àlex venía de Barcelona, donde ya desde los primeros años sesenta se empezaron a traducir al catalán los grandes clásicos norteamericanos en la colección La Cua de Palla. Fue precisamente su impulsor, el novelista Manuel de Pedrolo, su primera referencia negra: “Mi interés empieza Juego sucio. Pedrolo sigue el patrón de James M. Cain y lo hace muy bien”, explica.

En junio de 2004 empiezan a proyectar el Congreso de Novela y Cine Negro en la Universidad de Salamanca, todavía como estudiantes. “Estábamos haciendo el cartel y al poner “Primer Congreso” pensamos: ¿para qué ponemos “primer”? Nunca pensamos que fuera a haber un segundo. Esperábamos cuarenta asistentes y se matricularon ciento cuarenta. Casi morimos de éxito”, recuerdan. La idea era sencilla: traer a los autores de esas novelas que les apasionaban, introducir en los estudios universitarios un tipo de narrativa que combina el análisis social y la parte oscura del ser humano con un formato adictivo.

Salió bien. La próxima semana empieza la decimocuarta edición. Se suele decir que la Universidad vive de espaldas a la ciudad, pero el trabajo de Àlex y Javier demuestra que no siempre es así. Durante años organizaron las jornadas DeNegro en la Casa de las Conchas y otorgan el Premio Pata Negra a la mejor novela española del año –que por cierto, en esta edición va a recoger Paco Bescós por El porqué del color rojo, editado por Salto de Página–. Cuando empezaron, solo existía un festival dedicado al género, la Semana Negra de Gijón. Hoy, hay un par de decenas.

“Se hace mucho festival de ayuntamiento, pero pocos académicos. Es un circuito que se retroalimenta: van casi siempre los mismos y cuentan las mismas cosas”, afirma Àlex. “El Congreso tiene un valor, una memoria: los libros. Trece volúmenes de actas, tres antologías, un ensayo sobre series… es mucho contenido, y se han convertido en referencias para estudios posteriores”, dice Javier.

Decenas de escritores y centenares de investigadores han pasado y dejado su conocimiento en Salamanca y en esos libros. “Mi edición favorita fue la primera, fue tremenda. Me hubiera gustado verla desde fuera”, recuerda Àlex. “De la primera a la octava, las recuerdo con detalle. El resto se me mezclan un poco –afirma riendo Javier–. Menos la décima, que fue nefasta, tuvimos todo tipo de contratiempos. Yo me quedo más con momentos puntuales: González Ledesma, Alfons Rivera, Garci, Urbizu…”.

Ambos trabajan como profesores en la Facultad de Filología. Javier ha desarrollado su campo de acción en torno a la literatura del exilio español. “Esa es una literatura de resistencia, un contradiscurso. Y el género negro, al menos una parte, comparte esa capacidad de mostrar lo que no se cuenta, puede funcionar como un artefacto no solo literario, sino también ideológico. Cosecha roja está escrita hace casi noventa años y es totalmente vigente”.

Àlex es uno de los grandes investigadores de la novela negra catalana. “Soy muy monotemático, tengo la estanterías llenas de obras del género. Me gusta como aborda la violencia, la crisis de los sistemas y de las personas. Cada vez me intereso menos por el personaje y cada vez más por las historias”, explica. En la novela negra contemporánea española echa en falta más variedad. “El procedimental y el thriller acaparan muchos títulos. Hay mucho personaje arquetípico, de serial, una tendencia que viene de la tradición inglesa. Ellroy decía que la auténtica raíz es la del individuo. Faltan más de ese tipo, y también más novelas de víctimas”. “Se intenta estirar mucho la etiqueta genérica. Y me gustaría que hubiera más preocupación por la trama, por su construcción. Se echa de menos un poco más de negrura”, confirma Javier.

Han elaborado la lista a medias, pero de una manera peculiar: intentando averiguar uno los gustos del otro. “Se han quedado fuera autores como David Goodis o libros como Prótesis, de Andreu Martín, porque no estaban disponibles, pero todas esas son algunas de nuestras favoritas”. Como no solo se alimentan de género, recomiendan también algunos libros de la estantería general. Javier elige La calle Velarde, de Max Aub; Alta fidelidad, de Nick Hornby y Los desnudos y los muertos, de Norman Mailer. Àlex sugiere El porqué de las cosas, de Quim Monzó –que acaba de ganar el Premio de Honor de las Letras Catalanas– y 20 buenísimas razones para no leer nunca más, de Pierre Ménard.