La Mesilla del Lector. Mayo: Ben Clark

Cada mes, uno de nuestros lectores, amigos, colaboradores, cómplices o conspiradores, elige diez libros de nuestro fondo. Con total libertad para seleccionar lo que estime oportuno. Nosotros los colocamos en una de las mesas debajo del ventanal de San Boal, los arropamos con una butaca mullida y observamos a ver qué pasa. El invitado de este mes es el poeta Ben Clark, que estará el miércoles, día 16, leyendo su nuevo libro, La policía celeste.

“Me gusta entrar al poema como quien entra a lo desconocido”, dice Ben Clark (Ibiza, 1984). Su carrera comenzó con el Premio Hiperión por Los hijos de los hijos de la ira y desde entonces sus libros han alcanzado una merecida atención. El último, La policía celeste, ha ganado el Premio Loewe y en él se encuentran algunas de las claves de su visión literaria, como escritor y como lector: la pasión desplegada en busca de objetivos remotos, el mundo como un lugar lleno de posibilidades. La aventura. Su lista –donde conviven poesía y narrativa– es un esquema de afectos, hallazgos y luces que le alumbran.

La Mesilla del Lector – Ben Clark - Letras Corsarias Librería Salamanca

Los diez libros de Ben Clark

Fuegos de palabras. Carmen Camacho (editora). Vandalia. Un libro para descubrir el aforismo poético, donde la mirada es tan importante como la razón. Perlas de pensamiento y belleza.

Shackleton, el indomable. Javier Cacho. Fórcola. Acercarnos a Shackleton es acercarnos a los límites de la épica. Un héroe moderno y complejo, con luces y sombras que Javier Cacho explora magistralmente.

Los vertebrados. Alberto de la Rocha. Algaida. Una novela de intriga con el doctor Santiago Ramón y Cajal en su centro. Una obra fresca de un autor joven que maneja muy bien el género.

Actos impuros. Ángelo Néstore. Hiperión. Uno de los mejores poemarios de un poeta joven que se han publicado en los últimos cinco años. Néstore juega con los conceptos de identidad y apela tanto a la inteligencia como a la emoción.

Lincoln en el Bardo. George Saunders. Seix Barral. La esperada novela del maestro. Es George Saunders. No hay más que añadir.

La Mesilla del Lector – Ben Clark - Letras Corsarias Librería Salamanca

Ordesa. Manuel Vilas. Alfaguara. Un libro bellísimo y duro, tan sincero que parece una ficción. Si has oído hablar mucho de este libro, ahora toca leerlo.

Western. Luci Romero. Delirio. Un libro de poemas muy interesante que recupera los paisajes del sur de España para crear un diálogo con el Far West. Una obra emotiva y sólida que merece estar en toda biblioteca de poesía.

El genuino sabor. Mercedes Cebrián. Literatura Random House. La singularidad de la mirada de Mercedes Cebrián se va adueñando de nuestra propia forma de ver el mundo. Tras leer ‘El genuino sabor’ es difícil no sentirse cambiado.

La muerte juega a los dados. Clara Obligado. Páginas de Espuma.Clara Obligado es una maestra de la narrativa. Todo lo que ha escrito es maravilloso, también este libro. Recomiendo este porque es más reciente. Hay que leerla. Siempre.

Chocar con algo. Erika Martínez. Pre-Textos. Un libro de poemas original. Una aventura poética emocionante y cautivadora de una de las voces más sólidas de la poesía contemporánea en castellano.

El poema como aventura

Antonio Marcos

Leyendo los últimos poemarios de Ben Clark (Ibiza, 1984) detectamos una especie de fijación con misiones imposibles, empeños personales movidos por una poderosa fe, muchas veces destinados al fracaso. Así era esa expedición de Shackleton (Los últimos perros de Shackleton, Sloper) y en el más reciente, La policía celeste (Visor, Premio Loewe), donde un grupo de observadores estelares intentan descubrir un planeta todavía inexistente.

Tal vez escribir poesía tenga algo de eso también, un trabajo tenaz, hecho al margen de los otros, en el que luchas por alcanzar algo que se escapa constantemente de las manos: traducir en las palabras precisas el sentido de una mirada única sobre el mundo, crear el lenguaje que permita abrir puertas hacia lo no formulado. “Me gusta entrar en el poema como quien entra a lo desconocido, como algo real”, dice Ben.

Siempre entre lo macro –el universo, la especie humana– y lo micro –lo personal, lo inmediato– está tejiendo una capa de sonidos y significados que la crítica ha calificado como “transparente”. Así que le hemos preguntado por su forma de trabajar y sus lecturas para trazar este perfil que hacemos a los invitados de nuestra Mesilla del Lector.

Ben Clark –presentado por Fabio de la Flor, que le ha editado en Delirio Los hijos de los hijos de la ira, Cabotaje y Basura– estará este miércoles, 16 de mayo, en Letras Corsarias, dentro de la gira de las librerías de La Conspiración de la Pólvora. Suponemos que la poesía no da para vivir, pero tenemos claro que da para viajar. Charlamos con Ben mientras hacía cola para embarcar en un avión rumbo a Bogotá y nos habla de sus obsesiones temáticas y sus lecturas formativas. “Esa afición por las causas perdidas es algo que tengo desde niño. Creo que responde a haberme criado en un ambiente de cultura británica, en el que eso está muy presente: Shackleton, los autores de la Primera Guerra Mundial… Esa especie de dignidad en el fracaso y ver cómo eso se traduce en la escritura. Hay un gusto muy marcado por la aventura”, explica.

“Mi madre me leía mucho los libros de Los Cinco, de Enid Blyton, tal vez venga de ahí. Leía también a los clásicos de la aventura: Zola, Jack London. Pero sobre todo destacaría como referencia a Terry Pratchett, no tanto por ese mundo de fantasía que crea en sus historias, sino por esa combinación de humor y aventura. Hay algo contagioso en ese salir al mundo y verlo lleno de posibilidades y aventuras en potencia, un lugar para la búsqueda”. Su próximo proyecto abunda en esa idea y revisitará todo un clásico, La isla del tesoro, de Stevenson.

Aunque no le quita ojo a lo que sucede en la poesía actual, se define como un lector de narrativa. “Disfruto mucho con los autores norteamericanos. Roth, George Saunders, al que me une una vinculación mayor por haberlo traducido y conocido. Y me gustan mucho también los libros que hablan de escritores. En esa línea de París no se acaba nunca y El mal de Montano, ambos de Vila-Matas– esa reflexión sobre la propia escritura y el mundillo literario –mucho menos glamuroso de lo que la gente cree– me interesa mucho”. Entre los poetas sigue con atención las editores pequeñas y también lo que se hace en redes, tanto entre los nuevos talentos como gente más consolidada. Algunos de sus versos se hicieron apócrifamente virales en Twitter y es frecuente encontrar páginas fotografiadas por lectores de sus poemas, proponiendo lecturas y relecturas.

¿De qué manera las lecturas influyen en la creación de su propia escritura? “El proceso de mi escritura es cada vez más consciente, trabajo desde el punto de vista del taller. Si tu poesía mejora es porque eres más consciente del proceso. Veo documentales, leo artículos, me mantengo atento, porque ese proceso de creación puede empezar en cualquier momento. Hago una literatura muy apegada a la realidad, junto a elementos azarosos de asociación de conceptos”, afirma.

Con esa definición nos quedamos, esa manera de formular algo que sus lectores hace mucho tiempo que advirtieron, esa transparencia de la que habla la crítica: una singular forma de hacer elevarse esa realidad hacia lugares universales en los que reconocerse.