Recortes Corsarios

RC#15: Sólo su lenguaje vive

Franz Kafka – Pablo bujalance – Kin Nguyen Baraldi – Reiner Stach – Carlos Fortea – Piedad Bonnett – Michel Roche Rodríguez – Victor Heringer – Rubén Lardín – David Goodis

Centenario de la muerte de Franz Kafka. Se publican cositas.

Pablo Bujalance en Diario de Sevilla: La transformación cotidiana: Kafka encontró en su mirada dirigida a la experiencia humana una estética que confería por primera vez a la novela una función hermenéutica que hasta entonces le había resultado ajena.

Kim Nguyen Baraldi en Twitter: fragmentos de escritores y escritoras que abordan aspectos relevantes de su obra. Foster Wallace, Kundera, García Márquez, Hannah Arendt, Bolaño, Pizarnik, Max Brod, Elias Canetti, Primo Levi, Imre Kertész, Susan Sontag, Walter Benjamin, Peter Handke, W.G. Sebald, Marthe Robert, Patricia Highsmith, Claudio Magris.

Franz Kafka

De esa obra tan monumental que es la biografía de Kafka escrita por Reiner Stach (con traducción de Carlos Fortea): “La obra de Kafka, sus logros como escritor, se calificaron una y otra vez de «profecía», sobre todo en los primeros años de su fama mundial. Kafka, decían, había sido uno de los primeros en prever y describir de forma visionaria la violencia anónima del siglo XX, y ésa era sobre todo la razón de su impacto abrumador. No se tenía en cuenta que Kafka había sido testigo de las devastaciones de una violencia tecnificada, completamente despersonalizada, que estalló en agosto de 1914 y que más tarde sería interpretada como «catástrofe originaria» de aquel siglo, y que la mortífera alianza entre violencia y administración ya se cobró sus víctimas durante su propia vida. No hay guerra mundial sin máquinas de escribir, archivadores, ficheros y sellos, él lo sabía mejor que todos sus amigos escritores. Imaginar qué infierno iba a cernirse, tan sólo una década y media después de su muerte, sobre su entorno social, incluso sobre su entorno personal, no estaba a su alcance, no estaba al alcance de nadie”.

Y sobre la destrucción de su mundo: “Kafka se libró de la segunda oleada de violencia, iniciada por el régimen nazi en Alemania. La ocupación de Checoslovaquia, el terror alemán, el genocidio de los judíos y la Segunda Guerra Mundial hicieron sin embargo saltar definitivamente por los aires su mundo. Con esto no sólo se vio sellado el destino de numerosas personas que le eran próximas; también se borraron innumerables huellas que el mundo de Kafka ha dejado en la memoria colectiva. Fuero destruidas cartas, fotografías, legados, incluso archivos enteros: una violencia, por así decirlo, con efecto retroactivo, que en muchos casos hace imposible identificar lo perdido, percibido siquiera como perdido. Si Kafka hubiera tenido la doble suerte de escapar primero a la tuberculosis y luego a los campos de concentración, al final de aquella catástrofe de la civilización no habría reconocido nada. Su mundo ya no existe. Sólo su lenguaje vive”.


“La escritura me permite volver a vivir el dolor”, le decía en 2016 la poeta Piedad Bonnett a Michel Roche Rodríguez en esta entrevista. La autora colombiana acaba de ser galardonada con el Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana, que conceden Patrimonio Nacional y la Universidad de Salamanca.


Somos partidarios de un libro que empieza con un parte meteorológico del propio libro:

INFORME METEOROLÓGICO
La temperatura de esta novela está siempre por encima de 31 °C.
Humedad relativa del aire: jamás por debajo del 59 %.
Vientos: nunca superan los 6 km/h, en ninguna dirección.
El mar está muy lejos de este libro.

El amor de los hombres solitarios. Víctor Heringer. Traducción de Francisco Cardemil Pérez.

“En el principio, nuestro planeta estaba caliente, amarillento, y olía a cerveza podrida. El suelo estaba sucio, cubierto de un lodo ardiente y pegajoso.

Los suburbios de Río de Janeiro fueron lo primero que apareció en el mundo, antes incluso que los volcanes y los cachalotes, antes de la invasión portuguesa, antes de que Getálio Vargas mandara construir las casas populares. El barrio de Queim, donde nací y crecí, es uno de esos suburbios. Cobijado entre Engenho Novo y Andaraí, se creó con aquella arcilla primordial, amalgamada en distintas formas: perros callejeros, moscas y cerros, una estación de tren, almendros y chabolas y caserones, bares y arsenales de guerra, bazares y puestos de la lotería del bicho y un terreno enorme reservado para el cementerio. Pero todo seguía vacío: faltaba la gente.

No tardó en llegar. Los caminos acumularon tanto polvo que el hombre no tuvo más remedio que empezar a existir para barrerlo. Y por las tardes sentarse en las terrazas de las casas a quejarse de la pobreza, hablar mal de los demás y ver en las calles manchadas de sol los autobuses que vuelven del trabajo ensuciándolo todo de nuevo”.

Edita Sexto Piso.


Gol de Koeman.

Rubén Lardín, el mundo y la vida. No dejamos de recibir respuestas entusiastas a nuestra recomendación de Las ocasiones.

“Hay dos maneras de escribir, de estar en el mundo, de hecho. Una es en complicidad con el mundo, a favor del mundo, que es en realidad ir en contra de la vida, ser cómplice, orientarse hacia las cosas como son; y otra es instalarse en la corrección, en la idea de hacer esto mejor, de revelarlo y arrojar luz, y para eso hay que estar contra el mundo, que es mayormente infame porque el mundo, al fin y al cabo, somos nosotros. Las ocasiones está escrito tal vez contra el mundo, pero a favor de la vida. Es un libro escrito en todo momento desde el gozo y el amor por mil mierdas, por los libros, por las películas, por el ardor de vivir”, le dice a Álvaro Devís en esta entrevista.


En un mundo mejor tendríamos todas las novelas de David Goodis recién traducidas, sonarían campanas cada vez que se reeditara una de ellas, campanas en el interior de cada casa, la campana Goodis que avisa porque no es traidora. En este mundo, tenemos una edición de La luna en el arroyo, con traducción de Diego de los Santos y un prólogos de dos conocedores y amantes de cuantos malditos en la novela negra ha habido, Jordi Canal y Àlex Martín Escribà.

Para leer a Goodis ha habido que hacer piruetas: colecciones que había que sacar del almacén de las bibliotecas o iniciar una peregrinación por el circuito de segunda mano, siempre prolífico en hallazgos, alegrías y ácaros. Ojalá Sajalín continúe publicando al norteamericano, el más desconsolado de todos, el que cautivó a los existencialistas franceses y cuya huella se puede detectar en literatura y cine, sobre todo en la mirada francesa sobre Estados Unidos.

Si confías en la novela negra como herramienta demoledora en vez de como manso entretenimiento, Goodis es lo tuyo.


Mañana, más recortes.

(La foto superior no tiene mucho que ver con nada del contenido, pero es tan bonita… Psicosis, Alfred Hitchcock).

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