Recortes Corsarios

RC#16: ¿Qué vio Laura en el lago?

Laura Fernández – Nessy – Víctor M. Díez – Antonio Marcos – Mercedes Brugarolas – Festival Iceberg

Laura Fernández subió el verano del año pasado a bordo de un pequeño barco con cafetería en el que servían (MONSTER SNACKS) y (MONSTER ALCOHOLIC DRINKS) y, por supuesto, (MONSTER SOFT DRINKS). Esa embarcación con megafonía y asientos en cubierta surca las negras aguas del lago Ness, el lago más famoso del mundo, el lago del monstruo, Nessy: el misterio perpetuo desde que hace casi un siglo un matrimonio apellidado MacKay mirara hacia allí y dijera: creo que he visto algo. Algo raro, algo grande. Algo que, tal vez, no debería estar ahí.

Si David Foster Wallace se subió a un trasatlántico y de aquellas singladuras trajo consigo la crónica definitiva del agostamiento espiritual de la clase media norteamericana –es decir, de todos nosotros– en aquel reportaje titulado Algo supuestamente divertido que nunca volveré a hacer, Laura ha pescado en el lago algo sumamente valioso: una teoría sobre la fantasía –es decir, sobre la literatura fantástica– como el invento humano definitivo.

“¿Quiere, entonces la (REALIDAD) creer? Oh, no sólo es que quiera, es que necesita hacerlo porque no hacerlo significaría que no va a existir otra oportunidad, que lo que creemos ver es todo lo que hay. Podría decirse que el ser humano inventó el concepto de (FANTASÍA) como un (ESCUDO) ante eso que ocurrirá cuando no ocurra nada. Lo hizo para darnos una oportunidad”, escribe.

Hay un monstruo en el lago es el libro que recoge ese viaje al lugar de la fascinación, al lugar de los hechos: hechos que a veces han sido un circo, otras un circo de falsedades y otras intentos más o menos serios de la (HISTORIA OFICIAL) y de la (REALIDAD) por entenderse. Laura repasa la historia de ese foco de atracción para toda clase de personajes: es un todo lo que necesitas saber sobre Nessy, es un libro de viajes y es, sobre todo, la peregrinación a un lugar de posibilidad de lo fantástico, la constatación de una imagen del mundo como algo no cerrado, en proceso, abierto a nuestras historias, por mucho que al mundo –ni al monstruo– parezca que le importamos un comino.

¿Qué vio Laura en el lago? Tal vez la negrura de sus aguas actuó como espejo y percibió su propio reflejo: una escritora que picó piedra sin parar en busca de esa veta antigua de la fantasía, que creyó en eso y escribió cada palabra sintiendo que la batalla por la reescritura del mundo debe continuar, empequeñeciéndose ella para expandir lo de ahí fuera, la imaginación. Buenísimo, te lo lees de un tirón.


Cualquier día actúa aquí Teatro Corsario, y eso es algo que se puede decir desde hace más de cuarenta años. Fundada en Valladolid en 1982 por Fernando Urdiales, la compañía se ha mantenido todo este tiempo fiel a una idea de constancia, independencia y gravedad de la práctica escénica, da igual que interpreten clásicos españoles o extranjeros, vanguardias históricas, títeres o su visión de la imaginería procesional religiosa.

Un grupo de admiradores de su trabajo –encabezados por Víctor M. Díez e Isaac Macho– han publicado el libro Palabras para Corsario, editado por Eolas. Pequeñas piezas, aproximaciones, que juntas forman un puzzle cómo su trabajo teatral ha dialogado con otros autores y artistas. Siendo algo corsario, teníamos que presentarlo aquí. Será este sábado, día 8, a las 19h, con Víctor M. Díez y Antonio Marcos.

Reproducimos aquí el texto con el que Antonio colabora en el libro. Se titula El clásico truco de lo clásico. Dice así:

“Lo difícil no es llegar sino permanecer, dicen, pero más difícil me parece permanecer sin acabar de llegar del todo. Llegar a dónde. No llegamos, no llegamos, se escuchaba con impaciencia en aquel ensayo. Llegar prefigura un destino, una meta, un final. Llegar exige una manera de ir. En el teatro llegar es siempre volver a empezar y si vas llegando así, si balizas tú el camino, vas permaneciendo, compactándote, te conviertes en una parte imprescindible de lo ínfimo que resiste.

Vivimos en una época magnífica para ser antiguos, sobre todo si lo haces queriendo, aunque casi nadie quiere. Ahora nos estamos fijando mucho y a la vez en lo pasajero y en la tradición. Lo pasajero es pasado en un tris y vampiriza, y se le otorga alta importancia a la tradición, que es pasado de antes y algo así como el suplemento dominical de lo clásico, su cáscara. Se traiciona mucho en nombre de la tradición, incluso a uno mismo, y se le hacen muchas fotos.

Lo clásico: desde el presente apenas percibimos la abrumadora necesidad de futuro que constituye a lo clásico, a escala celular incluso, pero lo disimula bien disfrazándose de pasado y hay quien tradicionalmente se lía. Lo clásico mana y corre y metaboliza su poder en textos y cosas que miran de soslayo lo permanente, lo tratan casi con desdén con el desdén, y a cambio se fijan de manera obsesiva en los detalles, para despistar, como sin darse importancia. El clásico truco de lo clásico.

A poco más deberíamos aspirar que a llegar al lugar donde sea posible que la música de lo clásico nos atropelle. En ese cruce permanece Teatro Corsario: es a la vez equilibrista y red de seguridad, no es ejemplo de nada porque es categoría en sí mismo, fue el sueño de uno y es realidad de muchos. En cada época los necesitamos de una manera distinta. Y siempre están. Gracias por la obstinación”.


Mercedes estuvo el pasado fin de semana en la primera edición del festival Iceberg, una cita con la literatura infantil y juvenil organizada por el Instituto Cervantes de Bruselas.

Allí habló de asuntos que no te van a pillar de sorpresa si lees sus publicaciones en nuestro blog o si te dejas recomendar por ella cuando necesitas pistas para tus compras infantiles. La conveniencia de propiciar el contacto con los libros de una manera natural desde edades tempranas, esa edad crítica en torno a los nueve años donde pueden empezar a aparecer las primeras resistencias, el cambio de paradigma en la adolescencia, conservar la lectura como una esfera de placer más que de obligación…

Anna Juan Cantavella, asesora cultural, participó en la misma mesa de debate abogando por dejar a un lado la etiqueta “libros para…”, que frecuentemente le dan a la lectura un carácter utilitario. También ensalzó los libros diferentes, los que producen extrañeza, los que evitan lo usual y lo no problemático.

Un fin de semana excelente. Estaremos muy pendientes del recorrido del festival.

Si quieres profundizar sobre el tema, te dejamos una entrevista a Mercedes en Radio Alma, de Bruselas.


Mañana, la cartita semanal. Nos ponemos ahora mismo con ella.

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