Recortes Corsarios

RC#3: Nadie se queda en el jardín del Edén

John Barth, Bárbara Mingo y Aloma Rodríguez, Teju Cole y Fazal Sheikh, James Baldwin, L mayúscula, Henry James, Katsumi Komagata.


Recortes Corsarios: Una especie de diario de casi todos los días en el que se recogen algunas cosas que pasan en la librería, otras que pasan por la cabeza de los libreros y algunas más que pasan en general. Fragmentario y, ojalá, rocambolesco. Lecturas, avistamientos y escuchas. Entrada #3. 3 de abril de 2024.


John Barth, 1930-2024. “La llave del tesoro es el tesoro”.

Nos ha gustado mucho la fotografía que han elegido en El País para el obituario (a cargo de Eduardo Lago) de ese mediapunta fijo en la alineación titular de los norteamericanos que le dieron el giro posmoderno a la literatura: Gass, Barthelme, Elkin, Gaddis o Coover. En la foto parece más bien un defensa, de esos que se quedan calvos antes de tiempo por la responsabilidad (el bigote también ayuda), pero haber escrito El plantador de tabaco le otorga el estatus de jugón para siempre. Una de las novelas más novelas que hemos leído, y de las más divertidas también.

Como teórico publicó un célebre ensayo del que todo el mundo entendió que estaba proclamando –one more time– la muerte de la novela: pero no, no estaba muerta, y llegó Barth y la sacó de parranda.

“El lector debe comenzar este libro haciendo un acto de fe y terminarlo haciendo un acto de caridad”, escribió el editor como nota de descargo de responsabilidad en su novela Giles, el niño cabra. Lector fervoroso de El Quijote, cómo no, y especialmente de Las mil y una noches, nos ha dejado ayer a los 93 años.


Vienen (jueves, 4 de abril) Bárbara Mingo y Aloma Rodríguez a conversar entre ellas y con su editor, Agustín Márquez, y con todo el que quiera acercarse. Las dos han estado antes aquí, pero ejerciendo como presentadoras de otros invitados. Bárbara llega con un libro de artículos y Aloma con la reedición de su primera novela. Escriben de maravilla y tienen una conversación fetén, así que recomendadas quedan. 19;30h.


Estamos conmocionados con el libro Archipiélago humano, una colaboración de Teju Cole –le recordarás por ejemplo por Cada día es del ladrón– y el fotógrafo Fazal Sheikh. Conmocionados por la belleza sin adornos con la que se juntan imagen y palabra, y también por esa lectura absolutamente contemporánea y necesaria de los conceptos de hospitalidad, migración y parentesco.

Si ninguna lectura es igual –ni siquiera la que hace una misma persona en distintos momentos–, los subrayados que hemos hecho nos evidencian que no podemos quitarnos de encima las imágenes de la masacre que Israel está perpetrando en Gaza. Quizá tú tengas otra lectura. Aquí van algunos fragmentos.

“¿Qué suscitará toda esta crueldad en quienes no se hallan directamente en su camino? ¿qué te acaba provocando la contemplación de la tortura durante un periodo prolongado, aunque tú no seas ni el torturador ni el torturado? ¿Qué te hace pensar que puedes mantenerte limpio?”

Israelí / Palestino. ¿Quién es mi vecino? ¿Quién es como yo?

“Antes éramos como tú. Tú podrías llegar a ser como nosotros. Nuestros hogares atrás, las incertidumbres ante nosotros, y un momento presente que se hincha como una vela. El camión se mueve como un barco cargado. El planeta está agostado. El desierto cambia con el viento, y pronuncia solo su propio nombre: desierto, desierto, desierto”.

“No te preguntes hasta dónde llegarán, ya conoces la respuesta: hasta donde puedan. Y por eso es esta una época de precisa hostilidad”.

“Hemos intentado contártelo de todas las maneras posibles y ahora solo podemos concluir que prefieres no saberlo”.

Las fotografías de Sheikh se mueven entre el retrato –miradas transparentes, arrugas, vida en los rostros– y el paisaje transformado por la violencia y la extracción de los recursos. La idea de desplazamiento, de refugiado, la cuestión de la ciudadanía, está presente en cada página. Cole, norteamericano de origen nigeriano, describe así –en un cruce de ecos entre el Andrei Rublev, de Tarkovski, y ‘Cierta gente’, de Wislawa Szyborska– una especie de chispa de luz en esos viajes forzados y oscuros:

“Todos los paisajes que hemos atravesado para llegar hasta aquí. Todos los árboles y arroyos y caminos vistos por última vez. Lo único que de verdad puedes llevarte contigo es la esperanza de que, al llegar, alguien reconocerá algo en ti y, al reconocerlo, te recibirá con los brazos abiertos”.

Archipiélago humano, escrito en 2020, publicado por Comisura y traducido por Regina López Muñoz.


Este párrafo de El cuarto de Giovanni, de James Baldwin, publicado por primera vez en 1956, de alguna manera, recuerda a lo anterior. 

“Todo el mundo, al fin y al cabo, transita el mismo camino oscuro, y el camino engaña porque resulta más oscuro, más traicionero, cuanto más brillante pa-rece; y es verdad que nadie se queda en el jardín del Edén. (…).

Puede que todo el mundo tenga un jardín del Edén, no lo sé; pero casi no lo han visto aún cuando ya se enfrentan a la espada llameante. Entonces, quizá, la vida solo ofrece la posibilidad de recordar el jardín o de olvidarlo. Una cosa o la otra: hace falta fortaleza para recordar, hace falta otro tipo de fortaleza para olvidar, hace falta ser un héroe para hacer las dos. La gente que recuerda coquetea con la locura a través del dolor; la que olvida coquetea con otro tipo de locura, la de la negación del dolor y el odio a la inocencia; y el mundo se divide esencialmente entre los locos que recuerdan y los locos que olvidan. Los héroes son infrecuentes”.

En agosto se celebrará el centenario de Baldwin, están saliendo libros suyos y estamos aplaudiendo fuerte ante la perspectiva de leerle profundamente.


Literatura con L mayúscula. Y aquí la L no significa “en prácticas” y nos introduce en ese siempre espinoso tema de qué es la calidad, qué es arte, qué es entretenimiento, qué será, será. Usa el término la mexicana Aura García-Junco en un libro peculiar, titulado Dios fulmine a la que escriba sobre mí y cuyo punto de partida es: “H. Pascal, maestro excéntrico, escritor en el margen y promotor cultural, murió abruptamente en julio de 2019, acompañado de diez mil libros y un arrollador olor a tabaco”.

H. es el padre de la autora, quien en el texto trata de encontrarse con él a través de los libros que editó y los –muchos más– que leyó. Una conversación entre lectores, una idea permanente de la cultura. Pero volvamos a la L. Escribe:

“Si bien se dice por ahí que los géneros son sólo una herramienta del mercado editorial, lo son también de la intelectualización académica de la literatura. Aunque cada vez menos, sigue siendo difícil pensar en la ciencia ficción como Literatura con L mayúscula y así lo mismo con el género policíaco y la fantasía. El proyecto de Goliardos se empecinó en moverse entre estos géneros durante una época en la que eran todavía menos aceptados y en muchos casos demostró que existía un interés por ellos que muchas personas parecían deseosas de ignorar.

El problema es que Pascal empezó a considerarse a sí mismo un avante de la periferia, o como dice Alfonso, a postularse como el Gran Perdedor”.


Léa Seydoux en La bestia

Borges consideraba La bestia en la jungla, de Henry James, como la meta de la novela psicológica, publicada en 1902. Los astros (del cine) se han alineado para que coincidan en la cartelera dos películas francesas que adaptan, muy libremente, el texto de James.

Hemos visto la titulada La bestia, a secas, interpretada por Léa Seydoux y dirigida por Bertrand Bonello, uno de esos enfants terribles que produce con regularidad el cine francés, aunque este ya no sea tan enfant. Y bien, bien. No redonda del todo, pero ese aire extraño de James y la ciencia ficción con ecos de J.G. Ballard y texturas de David Lynch nos hacen pagar muy gustosos la entrada.

“Es muy hermoso que Bonello haya armado un dispositivo tan sofisticado para, en el fondo (y en la forma), hablar del amor, de sus misterios, de la huella que deja, de los traumas que lo agrietan y, sobre todo, del miedo a hacerle frente”, escribe sobre ella Desirée de Fez en El Periódico.


Ha fallecido Katsumi Komagata, un enamorado del papel, uno de esos artistas que decidieron comprimir todas sus ideas dentro de las páginas de un libro. Bueno, de muchos libros. Por desgracia, no están editados en España. Pero los vamos a buscar con ahínco.


Hasta aquí hemos llegado hoy. Mañana, seguramente, más.

Imagen superior: ilustración para la cubierta de Dios fulmine a la que escriba sobre mí.

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