Recortes Corsarios

RC#7: Morir como escritor en Sarajevo

Dario Džamonja – Mark Strand – Librerías independientes – Sal de Compras – Revolución de los Claveles – Ariana Harwicz – Marta Peirano


Recortes Corsarios: Una especie de diario de casi todos los días en el que se recogen algunas cosas que pasan en la librería, otras que pasan por la cabeza de los libreros y algunas más que pasan en general. Fragmentario y, ojalá, rocambolesco. Lecturas, avistamientos y escuchas.


Poco hemos hablado de Cartas desde el manicomio, un librazo de Dario Džamonja (1955-2001), editado por Sajalín y traducido por Marc Casals, quien lo define como “un beatnik reacio a moverse de sitio”. El lugar es Sarajevo, donde nació y creó un mundo literario con claros referentes norteamericanos como Carver o John Fante y también los cuentistas rusos o joyas del Este como Danilo Kiš. Escribiendo para periódicos locales y libros de relatos se convirtió en una celebridad bohemia en los ochenta y, luego, llegó la guerra.

Cartas desde el manicomio es un libro cargado de una nostalgia profunda, una revelación del dolor de una pérdida. Tras ser herido un par de veces durante el sitio de la ciudad por las tropas serbobosnias, emigra a Estados Unidos, donde básicamente sobrevive en empleos precarios, lleva una desastrosa vida familiar y se emborracha sistemáticamente. Su mirada sobre las contradicciones del sistema norteamericano es demoledora: la mirada extranjera de quien se siente solo y sin nada.

Todo está marcado por ese tono: el del pícaro que ha conocido la dureza, el de quien no ve pasar la felicidad ni de lejos. Intuimos sus ojos duros, la carrerilla que coge cada noche hacia su lenta autodestrucción, y bajo todo eso late un deseo por vivir y por escribir. Hay un relato titulado Todos aquellos años nuevos en el que enumera sus recuerdos de cada 31 de diciembre que termina así: “Sarajevo, Bosnia-Herzegovina, 1999: Todavía no se sabe”.

“Prefiero morir como escritor en Sarajevo que como cocinero en América”, dijo al volver a su ciudad en 1998, una ciudad que con la que le costó reconocerse. Murió tres años más tarde. Este es el primer libro que se traduce a un idioma extranjero y lo hemos disfrutado mucho.

Hay un artículo muy recomendable de Marc Casals en Contexto donde cuenta con detalle su biografía.


Un poema de Ningún sitio adonde ir, antología de Mark Strand publicada por Visor con traducción de Nicole Brezin.

LOS RESTOS

A Bill y Sandy Bailey

Me vacío de los nombres de otros. Vacío mis bolsillos.
Vacío mis zapatos y los dejo al lado del camino.
Por la noche atraso los relojes; abro el álbum familiar y contemplo al niño que fui.

¿De qué sirve todo esto? Las horas han hecho su trabajo.
Digo mi nombre. Digo adiós.
Las palabras se suceden en la dirección del viento.
Amo a mi esposa, pero la alejo de mí.

Mis padres se alzan en sus tronos
en lechosas habitaciones de nubes. ¿Cómo puedo cantar?

El tiempo me dice quién soy. Cambio y soy el mismo.
Me vacío de mi vida y mi vida permanece.


Un fragmento del artículo La independencia en las estanterías de las librerías, de Julian Lefort-Favreau (Universidad de Queens, Canadá), que hemos leído en el nuevo número de la siempre interesante revista Trama & Texturas:

“La desaparición de las librerías del tejido urbano es un síntoma preocupante que revela transformaciones del capitalismo y que afecta al conjunto de la sociedad, más allá de las industrias culturales. La librería es un lugar de tensión entre vanguardia progresista y diferenciación burguesa simbólica. Sin embargo, esta aparente paradoja no podría camuflar una evidencia, un lugar común que aun así hay que repetir: la librería independiente es un eslabón indispensable en la cadena del libro. Este comercio no es como los demás y el libro no es una mercancía igual que un desodorante”.


No somos dados al bombo y mucho menos al autobombo, pero este tweet (se escribía así, ¿no?) nos ha hecho mucha ilusión. A lo mejor es que estamos un poco sensibles después de las jupas de esta semana.


Por cierto, hablando de cosas locales: tal vez recuerdes que le escribimos una carta preciosa a la Tarjeta Activa, la del comercio salmantino. Si no lo recuerdas o quieres volver a leerla, es esta de aquí. Le decíamos, entre otras muchas cosas, que a ver si en su nueva etapa lo de pagar a tiempo iba mejorando, exactamente “un poquito antes de lo antes posible estaría bien”.

Ahora Activa ya no tiene ese nombre tan pintón y se la conoce por Sal de Compras. No sabemos si son hermanas, primas o primas hermanas, pero en lo de pagar tarde y mal parecen gemelas. Meses de retraso, que se dice pronto. Que luego nos rasgamos las vestiduras porque cierran librerías y resulta que los compromisos más básicos no se cumplen. Saldecompras, mira a ver, anda.


Marta Peirano ha vuelto a escribir reseñas. Nos ha gustado mucho la que ha publicado en Babelia sobre Perder el juicio, de Ariana Harwicz. Empieza así, haciendo una pequeña teoría sobre la figura del narrador sospechoso: “El “narrador sospechoso”, tal y como lo propone Wayne Booth en La retórica de la ficción, es un narrador que provoca la desconfianza en el lector mintiendo o, al menos, ocultando partes importantes de la trama. A veces es un narcisista o psicópata, representando el mundo de manera deliberadamente oportunista para exagerar sus virtudes, avanzar sus intereses, y enterrar sus crímenes. Otras veces es un idiota, que se deja engañar y no se entera de las cosas por falta de luces o de atención. Cuando es una mujer, sin embargo, basta con que describa con precisión lo que le está pasando para provocar desconfianza. Nadie cree las cosas que le pasan a la mujer”.


50 años de la Revolución de los Claveles. Conmemoramos con estantería dedicada.


El libro de la semana, que publicamos mañana, vuelve a ser un cómic. Que también fue novela y después película. Y si estuviste por aquí el martes ya tienes la programación de mayo, aunque tiene un par de erratas. Mañana publicamos la fetén.

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