Recortes Corsarios

RC#8: Todo al azul

Patrik Svensson – Apolo XVII – Colm Tóibín – Gonçalo M. Tavares – Jeff Wall – Iñaki Martínez de Albeniz – La boca – Francisco Rico – Arturo Marcelo Pascual

Ha vuelto Patrik Svensson con un libro azul. Azul por fuera y por dentro, y en el título: Un inmenso azul. Una oda al mar y sus maravillas. Svensson el de El evangelio de las anguilas (traducción de Carolina Moreno Tena), que también tenía su parte marcadamente marítima: ese investigador que se casa y al día siguiente se embarca para buscar el origen de esos animales tan escurridizos y está dos años de expedición, con el comienzo de una Guerra Mundial por medio.

Svensson tiene su estilo: te cuenta cosas de su vida que tienen que ver con el objeto científico que está divulgando. La letra, con historias entra.

Para acercarse al mar da una vuelta bastante grande: se va a la luna. Sigue a la misión del Apolo XVII, la última de la carrera espacial del siglo XX que llevó gente al satélite, y nos muestra, con palabras, la fotografía más famosa de la historia, la que hizo la tripulación desde la nave el 7 de diciembre de 1972: The Blue Marble, la canica azul. La primera imagen de nuestro planeta en todo su esplendor, iluminado por el sol. Y la imagen es clara: somos un planeta marino.

Es de suponer que los extraterrestres que vengan a invadir esto piensen que su principal tarea está en el agua, que es casi todo lo que se ve desde el espacio y casi todo lo que hay.

La tesis de Svensson es que el fondo marino está muchísimo menos explorado que la luna, pero por él que no quede. Nos va a contar historias de fauna y flora, de la relación de la humanidad con el océano, aventuras de expedicionarios portugueses, sensaciones de esa especie de desierto rizado con el horizonte delante que siempre ha movido nuestra curiosidad. A Patrik curiosidad no le falta, ni arte para contar sus cosas.


Teníamos muchas ganas de abrir otro libro azul, de un azul saturado, parecido al de los mantos de las vírgenes barrocas. Un azul regio, elegante, editado por Arcadia y escrito por Colm Tóibín, con traducción de Cristina Zelich, titulado La mirada cautiva. Escritos sobre arte.

Tóibín es uno de los más destacados novelistas irlandeses y amante del arte. Pasó la segunda mitad de los años setenta en Barcelona. Antes había escrito poemas con la vehemencia del veinteañero, pero nunca había pensado en escribir ficción. Antes que en Miró y Picasso, cuya producción ingente resultaba intimidatoria para un joven indolente, se fijó en otros dos pintores: Joaquim Mir e Isidre Nonell.

“Permanecieron próximos al lugar en el que habían nacido, donde realizaron sus primeras obras y tuvieron sus primeras exposiciones. Su fama era local. Y no cambiaron mucho. Pintaron variaciones del mismo cuadro una y otra vez, utilizando los mismos sistemas, la misma paleta. En aquellos pocos años en los que no escribí nada , estos dos pintores ofrecían una vaga idea de lo que podía hacerse con la escritura”.

Isidre Nonell. La Paloma, 1904

De esa manera, Tóibín encontró su lugar, un tramo de la costa este de Irlanda, unos pocos kilómetros de costa vacía. “Es un lugar de memoria –durante mi niñez pasamos allí varios veranos– que podía transformarse en un espacio para la imaginación. Y, si tenía suerte, podría ser utilizado en un libro tras otro”.

Abundan los pintores catalanes y anglosajones en el libro, apuntes entre la crítica como expansión en la obra y la biografía de penetración psicológica: Tàpies, Calder, Miró, Barceló, Bacon, Freud o Diane Arbus y también clásicos como Tintoretto, Lorenzo Lotto, Goya o John Singer Sargent. Pero Tóibín no se resiste a dedicar un capítulo, el primero, al color azul. “El azul llega a nosotros a través del silencio, del misterio y de mucho razonamiento”, escribe.

Por ahí aparecen viejos conocidos de lo azul: William Gass, Pastoureau, Goethe –el color de la distancia y la tristeza–, el técnico John Gage. Desde una expedición de buceo hasta una etimología, sus connotaciones populares y religiosas, un pequeño y jugoso ensayo azulado.


“La belleza es la mitología principal de los ojos. Distinguir formas, colores, lo cercano de lo lejano, lo derecho de lo izquierdo: solo detalles. Vemos, sobre todo porque tenemos apetito de belleza. Ver es un punto del instinto de detección de lo bello”, escribe Gonçalo M. Tavares en su entrada dedicada a Jeff Wall en su Diccionario de artistas, traducido por Antonio Sáez Delgado.

Una obra, una reflexión más cercada a lo poético que a lo didáctico, un intento del escritor portugués por capturar algo de la esencia de la mirada de una buena representación de artistas contemporáneos.

“Aquello que llamamos buen sabor es la belleza que detecta el interior de la boca. Una cierta especialización particular: de la boca al estómago: la belleza sabe (de sabor y de saber).


Llevamos dos días leyendo sobre arte y sobre cocina y esa última frase une las dos áreas. Mañana nos metemos con mucha más extensión en el terreno de la gastronomía, pero te adelantamos ya que El idiota gastronómico, del sociólogo Iñaki Martínez de Albeniz, nos parece un gran punto de partida para repensar de una manera consciente de qué hablamos cuando hablamos de comer (fuera).

Avanza un término: comersación, un palabro que “deriva de la fusión entre comer y conversar (hablar), y trataría de sintetizar la potencia de este comer que habla por sí mismo. Estamos ante un comer que sabe del mundo porque lo saborea”. Saber y saborear, de nuevo.


Ha muerto Francisco Rico, académico, editor de una edición canónica de El Quijote, gran lector de clásicos, conocedor del libro antiguo –era frecuente encontrarle en la desaparecida La Galatea en sus visitas a Salamanca– y hombre singular.

“Los ojos son los de Rico de siempre, cuando acepta lo que estás diciendo mientras, muy suave pero terminante, su sonrisa de catedrático te va poniendo en tu sitio: que así no es, que así no fue, pero ¿tú estás tonto o qué? Y luego ríe como un muchacho que estuviera de vuelta de la vida, pero que sigue siendo quien fue hasta callado”, escribe Juan Cruz en la entrada de la entrevista que le hizo apenas hace una semana. Una conversación larga y muy interesante.


La editorial Fulgencio Pimentel publica el poemario Manual de eternidad, de Arturo Marcelo Pascual. “No nos hemos parado a preguntarnos qué habría sido de la poesía de Arturo Pascual de no haber fallecido prematuramente, porque en este libro cabe todo él. Quizá sí nos preguntemos dónde termina «lo anterior» al libro, sus fuentes más ignotas, y en ese viaje al centro del poeta se condensa el enigma de este Manual tan vibrante como mudo, tocado por una gracia anterior a casi todo”, explican los editores. Unos fragmentos:

“Era sabio y le dijo: todo sabio es imbécil o canalla; curas, doctores, jueces, literatos, conocen las miserias más sangrantes que afligen a los hombres, las cultivan gustosos y alardean de risueños patricios.

(…)

“Los discordes, los vacilantes, los desalentados, los resentidos son mis semejantes.

(…)

Para siempre he ordenado a mis labios ignorar el sabor detestable de los cálices amargos de certeza”.


Mañana seguimos recortando.

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