Convalecencias. La literatura en reposo

Daniel Ménager

26,00

Los médicos se sienten a menudo impotentes ante ese periodo confuso y vacilante que llamamos convalecencia: ya no es enfermedad, pero tampoco la salud se ha recobrado plenamente. Un descanso forzado que preocupa e impacienta a moralistas y burgueses, pues hace olvidar pronto los beneficios de la vida activa; pero un verdadero oasis, por el contrario, para cualquier escritor: para Jane Austen y Madame de Staël, para Goethe, Tolstói, Zola y Henry James, para Rilke, Proust, Döblin, Céline, Thomas Mann y tantos otros.

¿Elegir la paz que brinda la habitación —ese remanso para el pensamiento, para la creación, para el amor incluso— o el fragoroso esfuerzo que demanda el mundo? En el pasado, el reposo se contemplaba solo como consecuencia inevitable del ardor guerrero o como tregua destinada al riguroso examen vital, a la conversión profunda y ejemplar. Sin embargo, en este siglo que ahora habitamos, en el que como sociedad seguimos y estamos gravemente dañados, parece que nos hayamos vuelto más atentos y sensibles a esa pausa tan intensa como limitada. Porque demasiado bien sabemos que los placeres frágiles de la convalecencia apenas resisten los embates de los acerados tiempos modernos.

Editorial: Siruela | Traductora: Susana Prieto | Páginas: 312

Convalecencias
Convalecencias. La literatura en reposo
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