Estoico y frugal

Pedro Juan Gutiérrez

16,90

En un momento de este pequeño pero muy intenso libro, Pedro Juan hace explicita su admiración por un pintor del siglo XVI, Brueghel el Viejo: “Quedé fascinado por sus complejas narraciones de gente plebeya haciendo algo (…) Solo gente caótica, como pequeños grupos de animales que se mueven incesantemente pero no saben bien adónde se dirigen. Solo improvisan y se desgastan. Brueghel no mantiene distancia, se mete adentro de la historia que nos cuenta. Estoy tan cerca de él que lo siento como si fuéramos vecinos y amigos”, escribe.

Toma esto como una declaración estética: Pedro Juan Gutiérrez no rehuye lo vulgar ni mucho menos lo caótico, empezando por sí mismo como narrador y personaje. Se coloca dentro de lo que cuenta, se embarra, escribe con las tripas fuera, sin juzgar, con un marcado espíritu de aceptación de la vida como viene. Por la sordidez de aquella Trilogía sucia de La Habana, recientemente publicada en Cuba dos décadas después de su creación, se le quedó pegado el tópico de Bukowski caribeño, pero aquí recuerda más al Bohumil Hrabal de Bodas en casa si cambiamos el whisky por la cerveza: un flujo de historias narradas de corrido, sin puntos y aparte, con saltos aquí y allá, reflexiones sobre la literatura y aventuras amorosas, pobreza y trascendencia, una búsqueda por el laberinto de la vida. Un escritor arrollador.

Editorial: Anagrama | Páginas: 184

 

 

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