Vampir, la naturalidad de lo sobrenatural

Vampir Sfar PortadaPor SEVE ACOSTA

Vampir es extraño. Ya al ver su portada te das cuenta que no estás ante un cómic típico: sobre un fondo completamente amarillo Fernand, el nominal vampiro del título con cierto parecido al Nosferatu de Murnau, te mira con sus grandes ojos en una expresión completamente neutra. No hay nada más, ningún indicio que nos avise de lo que vamos a encontrar en su interior.

Lo primero que leemos es, indudablemente, más extraño todavía. En una escena que, a priori, parece completamente surrealista el citado Fernand discute con su ex-novia. No tardamos en enterarnos que ella le ha puesto los cuernos acostándose con uno de los mejores amigos del vampiro. Algo que, lógicamente, no le ha hecho demasiada gracia al no-muerto. Tras una conversación bastante acalorada la antigua amante sale disgustada del siniestro castillo que sirve a Fernand de refugio. Cabe destacar que Lio (así se llama ella) no es precisamente una chica normal… sino una mandrágora viviente, una suerte de “mujer árbol”. Esencialmente, lo primero que leemos del cómic es una discusión de pareja entre un vampiro y un árbol antropomorfo.

Esta primera escena es bastante representativa de lo que es realmente el cómic escrito y dibujado por Joann Sfar: personajes sobrenaturales y extraños envueltos en situaciones completamente cotidianas y naturales. Vampir está lleno de criaturas sobrenaturales: desde hombres lobo un tanto peculiares hasta hechiceros egipcios inmortales; pasando por golems, brujas e incluso policías con claros rasgos marlowianos. Y todos ellos discuten, pelean, se enamoran y odian de la forma más humana posible.

vampir-1_04Precisamente, esta es la gran virtud de este título. Es imposible no sentirse identificado con alguno de la multitud de personajes que pueblan sus viñetas. La vampiresa atrapada en un cuerpo adolescente celosa de su voluptuosa hermana mayor, el rabino judío que crea un golem para vengarse del asesinato de su familia… y, por supuesto, el pobre Fernand siempre en busca de un amor que sabe que es imposible. Porque ese, pese a la gran multitud de temas que aborda Sfar en esta obra (incluso se atreve, gracias a todas estas razas fantásticas, a elaborar una bonita oda contra el racismo en una de sus tramas), es el motor principal que mueve a todos los actores de esta magnífica obra coral: el amor. Este cómic, en primera y última instancia, habla sobre el amor y todo lo que ello conlleva.

Vampir puede parecernos extraño al principio. Su lectura no es “cómoda” en el sentido más literario de la palabra: Sfar deja tramas abiertas, presenta personajes con gran detalle para que luego desaparezcan al poco tiempo y gusta de usar elipsis temporales para saltarse detalles bastante importantes. Incluso el dibujo, claramente inspirado (como reconoce el propio autor) por el cine expresionista alemán, puede resultar incómodo en un primer vistazo. Pero, una vez superada esa primera impresión vamos a encontrarnos con un cómic francamente divertido y que en más de una ocasión va a hacernos esbozar una sonrisa al recordarnos situaciones por la que hemos pasado.

Porque, ¿quién no ha conocido nunca a esa mandrágora qué, por mucho que te guste y te sientas a gusto con ella, sabes que no podéis estar juntos?

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