ÁVIDA LLAMA. VOCES PARA UNA ANTOLOGÍA SINFÓNICA
LIBRO-HOMENAJE A LA POETA MARGARITA FERRERAS
FIDALGO ESTÉVEZ, DOLORES
Ávida llama. Voces para una antología sinfónica nace del Amor a la palabra poética, de lo intrínsecamente humano que habita en el ser; voces que se escuchan afinadas para un canto coral: un grito, un clamor en torno a la figura de la poeta Margarita Ferreras por la celebración del 125.º Aniversario de su Nacimiento. Dos autoras consagradas de la literatura del siglo XX, Carmen ...
Sinopsis
Ávida llama. Voces para una antología sinfónica nace del Amor a la palabra poética, de lo intrínsecamente humano que habita en el ser; voces que se escuchan afinadas para un canto coral: un grito, un clamor en torno a la figura de la poeta Margarita Ferreras por la celebración del 125.º Aniversario de su Nacimiento. Dos autoras consagradas de la literatura del siglo XX, Carmen Martín Gaite y Ana María Matute, coinciden en el centenario que celebran junto a María Moliner, lexicógrafa. Así, 2025 propicia una múltiple celebración de la palabra con esta antología, interdisciplinar e intergeneracional, rítmica y vivaz.
Margarita Ferreras, escritora y mujer sin parangón, voz poética única en la generación del 27: rebelde contra la norma, irreverente en sus apariciones públicas, transgresora y vibrante en el amor, osada y casi libre..., asistió a las actividades de la Residencia de Señoritas, al Lyceum Club Femenino, al Ateneo y a los cursos de la Residencia de Estudiantes. Nada del ambiente cultural de vanguardias, en el Madrid del momento, escapó a su interés. Compartió amistad y trato con todos los grandes: Benito Pérez Galdós, Ernestina de Champourcín, Miguel de Unamuno, Rosa Chacel, Manuel Azaña, Maruja Mallo, María de Maeztu, José Ortega y Gasset, Gregorio Marañón, Federico García Lorca, Rafael Alberti, Delhy Tejero, Ramón Gómez de la Serna, Pérez de Ayala, Gonzalo Rodríguez Lafora, Luis Cernuda, Alejandro Lerroux, Benjamín Jarnés —su prologuista—, junto a Concha Méndez y Manuel Altolaguirre, editores de su obra Pez en la tierra (1932). Toda una larga e inacabable lista de intelectuales en su universo personal. Pero la vida le reservó el trago amargo de la soledad al estallar la Guerra Civil e implantarse la dictadura.
Seres que se tronchan, que rompen el modelo normativo y son penados, por enfermedad o excepcionalidad, a una existencia vivida como condena. Yace en Palencia, en un lugar donde habitó el olvido.
Rompamos este silencio secular, borremos la negra sombra, traigámosla a la vida: al renacer de un tiempo nuevo y feraz. Hágase justicia poética.
OMNIA VERTUNTUR
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